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Editorial HRN: Institucionalizar la transparencia y las reglas claras

Con tranquilidad se desarrollaron las elecciones en Honduras
Las elecciones generales en Honduras se llevaron a cabo el 28 de noviembre.

Ya decíamos que nunca como en este proceso electoral habían tantas cosas en juego. Como en ningún otro comicio general el sistema democrático por el que apostó el país, necesitaba reglas electorales claras y confiables, y una institucionalidad robusta e integral que por fin velase por los intereses de las mayorías.

Siendo el orden democrático y el sistema electoral una encomienda de seguridad patriótica nacional a defender y preservar, todos estábamos convocados, desde la propia institucionalidad y desde las distintas pero a la vez comunes  trincheras, a jugar bajo reglas claras y confiables, quizás el partido más importante de la historia democrática de Honduras.

Estaban en juego los pilares de la democracia participativa e inclusiva, pero sobre todo, la transparencia, la credibilidad y la legitimidad de la institucionalidad y del sistema.

Por eso es que la apuesta con este nuevo Consejo Nacional Electoral era tan grande como también monumentales eran las expectativas y temores de que de nuevo se impusiese la maña, el fraude, las elecciones estilo Honduras. Por eso la rigurosa vigilancia y al mismo tiempo las inquietudes alrededor del nuevo órgano electoral y de los consejeros que lo integran.

Es que han sido muchas las cosas en juego y mucho el dinero que al pueblo hondureño le ha costado el sostenimiento del sistema electoral, y en particular, el proceso comicial que acabamos de celebrar.

Por eso es a lo que siempre apostó HRN y la Corporación Televicentro: inducir a la clase política a ver el desafío como una oportunidad de oro para reconstituir la institucionalidad electoral desde la confianza y la transparencia perdidas.

Honduras ya no podía cargar más a cuestas una institucionalidad electoral anacrónica, onerosa, colapsada por la maña y el desprestigio. De ahí nuestra insistencia a la clase política para que no desaprovechase la coyuntura histórica; para que nuestra rancia institucionalidad nos asegurase un proceso electoral lo menos reñido con el fraude, los sospechosos retrasos y los apagones tecnológicos y técnicos.

Esta era la gran apuesta por un rápido proceso de votación y transmisión de resultados, confiable y rigurosamente apegado a lo que el votante decidiera en las urnas.

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¿Qué se haya logrado en el tamaño de nuestras expectativas y aspiraciones? Eso lo vamos a ponderar en el tiempo pero el hecho de que temprano se hayan divulgado los primeros resultados preliminares, que los contendientes hayan aceptado paladinamente los mismos y que los hondureños nos hayamos ido a la cama sin el desasosiego y miedo de procesos anteriores, ya induce las respuestas.

Por lo demás vale insistir en que se trataba de unas elecciones costosas y habría que ver ahora si los carísimos equipos comprados, algunos de ellos a última hora, nos van a seguir sirviendo para los subsiguientes procesos electorales.

Y si esos mecanismos de transmisión de resultados fueron capaces de generarnos estos mínimos o aceptables niveles de rapidez y confiabilidad, y ponerle luz a la oscuridad electoral, entonces habrá que volver a echar mano de ellos. Ya no podemos también como jugadores de este torneo electoral, volver a permitir jamás el desasosiego y las elecciones estilo Honduras. ¡Es lo que los hondureños exigimos!

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