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Propuestas agresivas y firmes contra la pandemia

Colapsado el sistema de salud en Honduras.
La sociedad hondureña espera un mejor manejo en crisis por covid-19.

Es totalmente contradictorio que, en un estado epidemiológico tan grave como el que enfrentamos, no haya sido posible construir una estrategia de gestión de riesgos unificada y agresiva.

Son muchas las disidencias que han surgido respecto al camino que ha sido trazado para detener la feroz pandemia que ya nos deja mucho luto y dolor.

Resulta contraproducente que andemos a la deriva en el abordaje de la emergencia, pese a que Honduras es el país de la región donde los casos positivos se multiplican más rápido, con una de las tasas más altas de mortalidad y un aparato hospitalario en permanente menoscabo.

El Gobierno ha puesto en evidencia una improvisación arriesgada. Fueron desestimadas las medidas que era necesario tomar al menos tres meses antes de que se instalara la pandemia en marzo anterior.

Tampoco se prestó oídos atentos a las propuestas de los especialistas que ahora reclaman por una falta de ejercicio temprano y de intervención comunitaria.

Las arcas se abrieron para que los lobos, encarnados en los funcionarios oportunistas y en los negociadores voraces, hicieran de las suyas al margen de los baluartes de transparencia y cuentas claras.

A todos estos pasos en falso, se añade la ausencia de una estrategia de concienciación masiva. Las decisiones han sido, en su mayor parte, adoptadas al garete y echadas a las puras probabilidades.

Y cuando las iniciativas para responder a una emergencia de tal envergadura como la que nos azota son colocadas al costado de un plan de intervención integral, los resultados no pueden ser menos que desastrosos.

En la presente urgencia, el país ha ido sobre tropiezos, andado sobre la ruta del “ensayo y del error” y acuerpado disposiciones que un día son aprobadas y al siguiente son dejadas sin efecto por su inconsistencia y sus alcances ineficientes.

Estamos de acuerdo con que “la leche está derramada”. Perdimos el rumbo que debíamos seguir en la fase primaria de la crisis. Hemos entrado en un peligroso terreno de las confrontaciones entre los empresarios y el Gobierno, los alcaldes y el Sistema Nacional de Gestión de Riesgos, y entre los cuestionados funcionarios de la cartera ministerial de Salud y los médicos.

La incógnita es si aún hay tiempo para superar estas contradicciones, liberar espacios de participación a todos los actores de la crisis y convocar a los expertos que, hasta el punto en que nos encontramos, no fueron incluidos para los fines de elaboración de un plan de batalla contra la pandemia del Covid.

Confiamos en que todavía estamos a tiempo de revertir las cifras de la pandemia, toda vez que sean ajustadas las acciones de vigilancia epidemiológica, ampliada la red de centros de triaje, fortalecida la respuesta de todos los hospitales y centros de salud del país, y extendida la capacidad para la realización masiva de pruebas de detección del nuevo virus.

Las máximas autoridades del país, en consonancia con sus atribuciones y obligaciones ineludibles, deben apoyar este planteamiento y acompañar los esfuerzos que realizan los gobiernos locales, organizaciones de la sociedad civil, fuerzas vivas e iglesias para contribuir a la atención de la pandemia.

No claudiquemos ante el virus de la ineficiencia, desidia, individualismo e irracionalidad. Es momento de dar un golpe de timón en esta titánica batalla contra el covid.

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